Una cárcel para la esperanza.


Construimos siempre una forma particular de la prisión, una forma que nos es útil a cada cual por separado, de sitio aislado y punitivo. En ella, dentro de ella, asumimos como erróneo (No. Como perverso) cada paso dado hacia el futuro o hacia el pasado. El pasado, lo que fue y no será, lo que fue y sigue siendo, se nos aparece como un retazo más para adherirle al acolchado sobre el que seguiremos golpeando la cabeza, buscando un dolor que supere el que se nos quedó pegado del mundo de afuera.

Darte golpes contra esos muros cada vez más abullonados, cada vez más confortables, levantados allí a fuerza de imaginación, nos reconforta. Da alivio como esos clavos atravesando las manos de un semidios cualquiera. Toda cárcel es para penar. Toda cárcel es para estar solo.

Cuando la cárcel trae visos de futuro, como si una ventana se abriera de repente en la parte más alta de esos muros isomórficos, la cuestión, la pena y su carácter redentor se hacen más patéticos. La ventana nos ofrece atisbos de un día soleado, nos ofrece un rayo tibio que cae siempre en el mismo lugar y se mueve, conforme avanza el día, hasta desaparecer en un último haz naranja en lo alto de la habitación acolchada.  Todo el día la hemos seguido, nos movemos tras ella, hemos ocupado su mismo espacio, procurándonos calor, luz y una salida al mundo de allá que dejamos a voluntad porque ya todo nos era ajeno, o porque llevábamos mucho tiempo como un giroscopio que nunca se aleja de ese centro que nos ata, cuando lo que queremos es salir despedido lejos y estrellarnos contra una pared y rompernos en muchos pedazos. Pero el lazo es fuerte. Así que optamos por la única salida concebible en lo sensato: La Quietud. Permanecer recogidos en un sólo sitio, que puede ser verdadero, metafórico o estar dentro de nosotros mismos como La Fuerza esa de la película.

El pasado se hace paredes acolchadas y golpes de cabeza, el futuro una persecución eterna de algo que es luz y más allá; el cielo y su sol como esa pared contra la que debemos asumir la quiebra infinita y el último estrellón. Construimos con propia mano una prisión para purgar y soñar. Para liar la culpa y la tristeza. Para entender, pasados los meses, que la cuerda hace mucho se rompió y no somos capaces de irnos de frente contra el muro soleado, para conseguir ser una expectativa siquiera, no ser.

Al fin.

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4 responses to “Una cárcel para la esperanza.

  • CieloKiller

    Este texto tiene fragmentos maravillosos ¿Lo sabías? Fragmentos que hacen a un buen todo.

    Pero claro, ¿quién soy yo para calificar un texto?

    Me gusta a mi, quizás para el mundo sea una mierda. Por suerte yo soy mi mundo.

    Un beso.

    • Bruno

      Gracias Mar, gracias por venir, comentar y dejarme tu solipsismo como argumento de autoridad. La mayoría de las veces aquello que llamamos maravilloso, tiene que ver con nuestras propias tristezas… Ya rómpete contra el muro y aléjate
      de ese centro pernicioso…. 🙂

  • Leonardo

    Cómo quisiera verle un rostro a ese monólogo, conocer el personaje capaz de hacer suyas esas palabras…

    • Bruno

      Leo, qué grato verlo por aquí, ha pasado tanto tiempo que ya se me olvida su rostro y sólo recuerdo su nombre. Un día lo hacemos corto y metemos un man triste en una cárcel en la noche, para darle más dramatismo a la escena. Un abrazo, no se desaparezca tanto tiempo, que luego ya sólo me quedo con el nombre.

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