Solipsismo y ficcionalización.


Traigo una parte de lo que pretendo ser pegada a lo que soy. Como quien camina un largo pasillo con habitaciones cada tantos pasos como guardias punitivos sin siquiera dignarse sacar de las sombras una mirada despectiva. No sé de cuántas maneras sea posible hablar de sí mismo, referirse a ese otro yo al que la narración hace otra cosa. Contarnos nos transforma, hablar de lo que nos compone nos hace más etéreos; de forma hiperbólica sería casi como hacerse una niebla que se levanta por sobre los objetos físicos ocultándolos, mientras ese rezago del yo de los días queda como un fantasma de caricatura a la espera de un soplo que lo haga desaparecer. Develarse es evanescerse.

Me doy cuenta ahora que evanescer es una palabra que presupone un proceso; mejor, una transición de estados: pasar de lo que está a lo que no puede asirse: el humo. Entonces toda narración de sí mismo se haría un intento por esfumarse por sobre lo que se considera la realidad. Levantarse como una entidad que nada toca; dejar de ser, para ser algo más voluble y resbaladizo. Toda narración es ficcionalización, pues lo que rescatamos del pasado es todo literatura. Hoy sólo fui niebla sobre las montañas más altas, no quedó siquiera la parte de mí que se mantiene con los amarres a la realidad. Me fui y me jugué al azar del poderoso, no ese azar déspota y funesto, sino al azar que no sabe de moralidades y se ha liberado de todo prejuicio, ése que se lanza contra los muros de la sensatez con la esperanza de que espontáneamente desaparezcan.

Conté lo que no recordaba de mí. Inventé lo que he esperado de mí. La expectativa de un yo más fuerte, más sensato y que sabe vivir, cobró forma desde eso que los que me conocen suele denominar como “frialdad psicótica”. Le dije a mi yo posible cómo ser mejor, como superar a ese yo pausado y mentecato, para ser en el movimiento de dejar de ser. Me fabulé para develarme, para evanescerme y para moverme con libertad sobre lo real, esperando que cuando la condensación llegara, esa forma previa de mí mutara en un “Yo-2.0” con las aristas más suaves y las formas más definidas.

Creo que tomé mucha cerveza y mis neuronas toman la forma de un caleidoscopio imaginado en el paroxismo de una droga sintética sesentera. Lo anterior, quedará como muestra del porqué no escribir con alcohol en la sangre. Buenas noches.

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